CUANTAS NOSTALGIAS DURMIENDO EN EL DIVÁN...CUANTAS TRISTEZAS QUE ESTUVIERON Y YA NO ESTÁN... HOY SOY TAN FELIZ GRACIAS A TI... TE AMO...Y ESTAS...http://dzafsa.blogspot.com/
Aquel día decidí cambiar tantas cosas... Aquel día aprendí que los sueños son solamente para hacerse realidad. Desde aquel día ya no duermo para descansar... ahora simplemente duermo para soñar. Walt Disney
Soy el que sabe que no es menos vano
que el vano observador que en el espejo
de silencio y cristal sigue el reflejo
o el cuerpo (da lo mismo) del hermano.
Soy, tácitos amigos, el que sabe
que no hay otra venganza que el olvido
ni otro perdón. Un dios ha concedido
al odio humano esta curiosa llave.
Soy el que pese a tan ilustres modos
de errar, no ha descifrado el laberinto
singular y plural, arduo y distinto,
del tiempo, que es uno y es de todos.
Soy el que es nadie, el que no fue una espada
en la guerra. Soy eco, olvido, nada.
Andaré vestido y armado con las armas de San Jorge para que mis enemigos, teniendo pies, no me alcancen, teniendo manos no me atrapen, teniendo ojos no me vean, y ni con el pensamiento ellos puedan hacerme mal.
Armas de fuego mi cuerpo no alcanzarán, cuchillos y lanzas se quiebren sin mi cuerpo tocar, cuerdas y corrientes se rompan sin mi cuerpo atar.
Jesucristo, me proteja y defienda con el poder de su Santa y Divina gracia, Virgen de Nazaret, me cubra con su manto sagrado y divino, protegiéndome en todos mis dolores y aflicciones, y Dios, con su divina misericordia y gran poder, sea mi defensor contra las maldades o persecuciones de mis enemigos.
Glorioso San Jorge, en nombre de Dios, extiéndeme tu escudo y tus poderosas armas, defendiéndome con tu fuerza y con tu grandeza, y que debajo de tí, mis enemigos queden humildes y sumisos a Tí. Así sea con el poder de Dios, de Jesús y del Divino Espíritu Santo
CUANTAS NOSTALGIAS DURMIENDO EN EL DIVÁN...CUANTAS TRISTEZAS QUE ESTUVIERON Y YA NO ESTÁN... HOY SOY TAN FELIZ GRACIAS A TI... TE AMO...Y ESTAS...

Una noche en sueños vi
Es la distancia que va, digamos, de la inocencia a toda prueba de una Shirley Temple a la astucia del Macaulay Culkin de Mi pobre angelito. O, entre nosotros, de esa ternura un tanto lacrimógena de la primera Andrea del Boca a la fresca sabiduría del Valentín filmado por Alejandro Agresti, protagonizado por Rodrigo Noya, el mismo que ahora se ocupa de resolver casos policiales en Hermanos y detectives. "No son los mismos que antes –se escucha por allí –. Nacen sabiendo. Hasta dan un poco de miedo."
Se trata de los niños, claro. Es que algo está pasando con ellos. O, más bien, con la sociedad toda. Un cambio de perspectiva que se hace especialmente visible en el ámbito legal. Desde que la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Convención sobre los Derechos del Niño, en noviembre de 1989, se establecieron las bases de una profunda transformación del lugar reservado a este sector de la población. Los chicos han dejado de ser considerados objetos de tutela para convertirse en sujetos portadores de derechos. Asimismo, por primera vez en siglos, tienen voz; su palabra cuenta y pueden dialogar con todas aquellas voces que hablan sobre ellos, discurso judicial incluido.
Hace pocos días, en la 43a sesión del Comité de los Derechos del Niño, celebrada en Ginebra, los expertos remarcaron la importancia del artículo 12, en el que consta que los niños tienen voz y voto: deben ser escuchados en las causas administrativas y judiciales que los tengan como protagonistas. Para el Comité, los Estados deben realizar esfuerzos para que la norma tenga plena aplicación, ya que los niños tienen derecho a expresar sus puntos de vista, independientemente de su edad.
En la Argentina, la Convención se hizo más visible el año pasado, cuando se derogó la Ley de Patronato, de 1919, y se aprobó la Ley de Protección Integral de los Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes (Ver recuadro La nueva ley). Para los especialistas, la nueva concepción legal de la infancia supone un enorme cambio cultural. Cambio que a muchos asusta, mientras que a otros les parece encubrir demasiadas contradicciones. Aunque no faltan quienes consideran que esta transformación es imprescindible si se quieren construir sociedades humanas visceralmente democráticas. Tal es el caso del criminólogo y penalista italiano Alessandro Baratta, que afirma en su trabajo Infancia y democracia: "La política de implementación de los derechos de los niños puede llevar desde la infancia de la democracia hacia una sociedad humana y madura". O sea, una sociedad en la que todos y cada uno de los habitantes sean ciudadanos. En el caso de los niños, se trataría de una ciudadanía "diferente", en consideración a la edad y la madurez de cada niño o niña. En otros términos: hacer extensivas a la infancia las políticas de integración de las diferencias. Un desafío nada menor para una humanidad para la cual la desconfianza ante el "otro" sigue estando a la orden del día. Humanidad que, en algún momento de su historia, ni siquiera concebía que esos seres a los que hoy llamamos "niños" tuvieran alguna entidad.
Efectivamente, hubo un tiempo en el que los niños no existían. Basta remontarse al medievo europeo. Epoca ruda, en la que nacían muchos chicos, pero muy pocos lograban sobrevivir al frágil período de la primera infancia. "Morían demasiados –explica el historiador Philippe Ariès en El niño y la vida familiar en el antiguo régimen–. Por eso la gente no podía apegarse demasiado a ellos." Aunque esto repugne a la mentalidad actual, lo cierto es que durante siglos a los chicos de menos de tres o cuatro años apenas se los consideraba seres humanos. Superada esta etapa, pasaban a ser "adultos en miniatura" que, especialmente en las áreas rurales, eran rápidamente incorporados al trabajo. "Podría suponerse que, para los hombres de la Edad Media, la infancia era un pasaje sin importancia, que pasaba rápidamente y del que se perdía enseguida el recuerdo", reflexiona Ariès.
Las artes plásticas son una buena pista para imaginar lo que ocurría en esos tiempos. Los artistas medievales solían representar a los chicos sin ningún rasgo de infancia; nada los diferenciaba de los adultos, salvo su tamaño reducido. A partir del siglo XIII, la iconografía religiosa comienza a presentar niños más acordes a la perspectiva moderna: ángeles, el niño Jesús, la Virgen niña. Tiempo después, aparecen en escenas de costumbres, aunque sin que se evidencien distinciones claras entre el universo infantil y el adulto; los más chicos se muestran con igual vestimenta que los grandes y aparecen entremezclados en sus actividades, participando en fiestas, trabajando en el campo. "Más allá de que explícitamente no hubiera «niños», parece que ha sido común a la mayoría de las sociedades tratar de un modo diferente a los infantes durante los primeros dos o tres años de vida –explica Valeria Llobet, psicóloga, docente e investigadora del Programa de Democratización de las Relaciones Sociales de la Universidad de San Martín–. Es decir, las crías eran incluidas como adultas al momento de ya no requerir cuidados específicos para garantizar su supervivencia."
Alrededor del siglo XVII empiezan a soplar vientos de cambio. "Aparece una nueva sensibilidad frente a esos seres frágiles y amenazados", dice Ariès. La progresiva cristianización de las costumbres tuvo bastante que ver con esto. La noción de que los bebes nacían con alma empezó a poner coto a prácticas tales como el abandono y el infanticidio, frecuentes en la Edad Media y en la Antigüedad. Por otra parte, las mejoras en las condiciones materiales de vida junto con la enorme mutación sociocultural que trae consigo la Edad Moderna van a impactar directamente en el modo de concebir la infancia, en especial a partir del siglo XVIII.
Es en esa época cuando aparece en escena un elemento vital en la vida de todo chico considerado como tal: la escolarización. "El concepto moderno de niño está ligado a la enseñanza y el aprendizaje –indica la socióloga Mariela Macri, especialista en problemática social infantojuvenil y coautora del libro El trabajo infantil no es juego–. También, a la necesidad de protección." Valeria Dotro, docente de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, coincide: "El sistema moderno de educación surge entre fines del siglo XVIII y principios del XIX. La escuela establece las condiciones para la transmisión de saberes de adulto a niño, en etapas graduales". De este período data, además, la aparición de las disciplinas que se van a ocupar específicamente de la infancia: la pedagogía, la psicología infantil. La frontera entre el universo adulto y el de los niños comienza a trazarse cada vez más nítidamente.
Los niños y el trabajo
Desde ya, no todo fueron bondades. Durante la Revolución Industrial, las fábricas textiles inglesas empleaban trabajadores de cuatro años, con jornadas laborales que oscilaban entre las 14 y las 15 horas. Se daba así la convivencia de dos infancias: los niños de las clases medias urbanas, escolarizados y cada vez más protegidos, y los "niños-adultos" pobres, empleados en fábricas, talleres y minas, esa infancia desvalida de la que tan bien supo dar testimonio la obra literaria de Charles Dickens. "Era natural pensar al niño pobre como un niño trabajador, necesaria y deseablemente distinto de los niños de la clase media y la burguesía –se explica en El trabajo infantil no es juego–. Sólo recién a comienzos del siglo XIX se comienza a aceptar que los niños de todas las clases sociales constituían más un gasto que una inversión para los padres."
En nuestro país, este proceso coincide con la llegada de las primeras oleadas de inmigración europea. Como en Europa, el sistema escolar va a cumplir un papel fundamental en el modo de concebir la infancia. "La escuela, ligada con la construcción del Estado, estaba destinada a educar a los hijos de los inmigrantes –afirma Valeria Dotro–. Tuvo la función de alfabetizar y crear futuros ciudadanos." Pero, si "niños" eran los que asistían a la escuela, quienes quedaban fuera de las aulas se convertirían en "menores". Huérfanos, pequeños vagabundos, chicos sin familias sólidas: todos ellos pasarían a ser regidos por la recientemente derogada Ley de Patronato y, en su gran mayoría, vivirían infancias signadas por las normas de los institutos de menores.
Todo empieza a tambalear
Así siguió, más o menos, la historia. Hasta que llegó el terremoto cultural que, tímidamente a fines de los años 50 y espectacularmente en plena década del 60, iba a conmocionar todos los estamentos del mundo occidental. "A partir de mediados del siglo XX, se abre otra etapa en la manera de ver a niños y niñas –afirma Dotro–. Hay cambios sociales, económicos, históricos, culturales. Se transforma el universo familiar." Las generaciones crecidas a partir de los movidos sixties lo harán inmersas en un mundo cada vez más complejo, flexible y cambiante. Asistirán, además, al nacimiento de un nuevo ser: el adolescente. Hasta ese momento, la escuela y el entorno familiar habían sido los responsables exclusivos de la formación de los chicos. Pero ahora tendrán que compartir ese espacio con los medios de comunicación masiva. La televisión, el cine, la publicidad y la industria del entretenimiento pasarán a tener cada vez más protagonismo en la socialización infantil. Incluso se convertirán en francos competidores del sistema educativo tradicional. También arreciaban tormentas en el interior de aquellas ciencias que, allá por el siglo XVIII, habían acompañado el nacimiento de la infancia. "Se cuestiona la noción de incompletud que presidía la configuración del adulto como el "modelo terminado" del sujeto humano y el adultocentrismo, entre otras cuestiones", indica Llobet.
La sólida distancia jerárquica entre adultos y niños había comenzado a tambalear. Ese movimiento, que no hizo más que crecer hasta nuestros días, fue redundando en un nuevo tipo de relación entre los chicos y sus mayores. "Se pasa de dos referentes válidos, la familia y la escuela, a la multiplicación de los agentes de socialización. Por un lado, cambia el lugar de autoridad del adulto, y la socialización primaria (a cargo de la familia) es menos estable y rígida. Por el otro, los chicos ingresan en la escuela antes y, además, están socializados por los medios", señala Dotro.
Así se llega al momento actual, que se parece mucho a una encrucijada. Gracias al gran quiebre de los 60, los niños son considerados seres íntegros, que no necesitan esperar para ser "construidos" como personas completas, porque ya lo son y gozan de plenitud de derechos. Los descubrimientos de Freud y el psicoanálisis revelaron que la infancia humana, lejos de ser una etapa de paradisíaca calma, es un campo fértil en emociones intensas y conflictivas. A diferencia de las generaciones pasadas, los chicos eligen lo que quieren hacer, la ropa que desean usar, los amigos con los que se vincularán. Saben negociar con los adultos. Y no sólo eso: en algunas áreas superan precozmente a sus progenitores. Basta verlos desenvolverse entre monitores de computadora y pantallas de video.
Algunos autores piensan que ha surgido una nueva infancia: la de los "niños posmodernos". Otros van más lejos, como el norteamericano Neil Postman, que plantea, directamente, la llegada del "fin de la infancia". La definición puede sonar demasiado tajante. O quizá no tanto. El concepto de infancia no existe sin el concepto de adulto: si hay niños, es porque existen mayores que los protegen y satisfacen sus necesidades. Entonces, ¿un corrimiento excesivo del lugar de los adultos frente a los chicos no terminaría haciendo trizas todos los logros obtenidos por quienes bregan por los derechos infantiles? "Se naturaliza la idea de que hay que complacer sin límites sus demandas –explica la psicóloga y psicoanalista Alicia Aguirre, supervisora del equipo de Niños del Hospital Pirovano–; no existe el «no se puede». El mercado se aprovecha de esto argumentando una supuesta libertad de elección. Pero en realidad no son libres, sino víctimas de una enorme industria dirigida al consumo infantil." Valeria Dotro coincide: "Los medios electrónicos contribuyen a erosionar la diferencia entre niñez y adultez. Basta mirar la televisión: casi no hay publicidades de productos infantiles que mencionen a los padres. Ya no existe eso de «pedile a tus papás que te compren». Ahora se los interpela directamente, como consumidores plenos".
Hay otro factor que suma complejidad al panorama. A cuadras de ese local de productos electrónicos frecuentado por más de un niño posmoderno bien puede estar instalada una ranchada de chicos de la calle. La distancia entre el sofisticado universo en el que se mueve uno y la precariedad en la que viven los otros hace que el contraste entre las distintas infancias sea aún más cruel. Una disparidad que se extiende al aún vigente –pese a la legislación que lo condena– trabajo infantil. La socióloga Mariela Macri acepta que, en algunas familias, el trabajo puede ser entendido como un factor de integración de los chicos. "De todos modos, hay que trazar muy claramente la diferencia entre socialización y explotación económica. Si por trabajar el chico daña su salud o abandona la escuela, no se está socializando. Simplemente, está generando riqueza. Está siendo explotado."
Por lo pronto, todo indica que resta mucho por andar para llegar a la utopía democrática soñada por pensadores como Alessandro Baratta. "Se habla del lugar sobrevalorado, idealizado, de la infancia –afirma Aguirre–. Sin embargo, más de la mitad de la población infantil está excluida del sistema y la otra es objeto de los intereses del mercado. Además, hay una gran preocupación por la drogadicción en la adolescencia y al mismo tiempo una excesiva e indiscriminada medicación con psicoestimulantes a los niños."
Mientras tanto, ellos siguen jugando a las escondidas con las definiciones. Porque, ¿quién puede decir lo que es la niñez? Quizás el Pequeño Daisy ilustrado, encantador y poco ortodoxo diccionario compilado por la artista plástica Diana Aisenberg, dé cerca del blanco cuando postula: "Niño: ser que debe recibir amor, tener aventura, gente que lo quiera". Algo tan simple. Y tan enorme.
Por Fernández Irusta dfernandez@lanacion.com.ar
Fotos: Daniel Pessah y Martín Lucesole
Agradecemos al Departamento de Prensa de Telefé la colaboración prestada para la realización de esta nota
Para saber más:
www.unicef.org/argentina
Aquí mas que miedo es la sumicion alcahueta la que sigue silenciando las verdaderas injusticias que se viven... la prensa pagada y los funcionarios corruptos que pagan a los menos instruidos para que pongan lo que ellos quieren que el pueblo imbécil y poco idóneo se entere...Se que es duro el concepto pero es lo mas real y lo mas descriptivo que encontré, para que se entienda.
Todos los niños necesitan cantidades apropiadas de calorías, proteínas, minerales y vitaminas para crecer. La mejor manera de asegurarse de que los niños reciban lo que necesitan, al mismo tiempo que se intenta que mantengan o pierdan peso, es a través de una variedad de alimentos nutritivos con bajos contenidos de grasa y azúcar. La pirámide alimenticia representa una guía general para lograr una dieta balanceada.



Cargan con nuestros dioses y nuestro idioma,
nuestros rencores y nuestro porvenir.


Tú puedes escoger lo que más te convenga, y tus momentos presentes son tuyos para que tú los disfrutes, si realmente decides estar a cargo de ti mismo.
La propia-estima no puede ser verificada por los demás. Tú vales porque tú dices que es así. Si dependes de los demás para valorarte, esta valorización estará hecha por los demás.
Que la equivocación o el error te sirvan de lección; haz el propósito de no repetirlos pero no los asocies con tu autoestima o autovaloración. He aquí el meollo tanto del amor a uno mismo como a los demás. No confundas nunca tu propio valor (que es un valor dado) con tu comportamiento o con el comportamiento de los demás hacia tu persona.
Ser feliz, vivir efectiva y eficientemente y amar son metas mejores y más importantes. Se trata de demostrar que la inteligencia no es algo que has heredado o que te ha sido otorgado. Tú eres tan inteligente como decidas serlo.
DYER, Wayne W. “Tus zonas erróneas”
Todas las cosas fueron hechas por El;
y sin El no se ha hecho cosa alguna
de cuantas han sido hechas.
El ir contra la realidad, haciendo problemas de las cosas, es creer que tú importas, y lo cierto es que tú, como personaje individual, no importas nada. Ni tú, ni tus decisiones ni acciones importan en el desarrollo de la vida; es la vida la que importa y ella sigue su curso. Sólo cuando comprendes esto y te acoplas a la unidad, tu vida cobra sentido. Y esto queda muy claro en el Evangelio. ¿Importaron todas las transgresiones y desobediencias para la historia de la salvación? ¿Importa si yo asesino a un hombre? ¿Importó el que asesinaran a Jesucristo? Los que lo asesinaron creían estar haciendo un acto bueno, de justicia, y lo hicieron después de mucho discernimiento.
Jesús era portador de la luz y por ello predicaba las cosas más raras y contrarias al judaísmo, a sus creencias e interpretaciones religiosas: hablaba con las mujeres, comía con los ladrones y prostitutas. Pero, además, interpretaba la Ley en profundidad, saltándose las reglas y sus formas. Los sabios y los poderosos tenían que eliminarlo. ¿Podía ser de otra manera? Era necesario que muriera así, asesinado y no enfermo de vejez.
Cuentan que un rey godo se emocionó al oír el relato de Jesús y dijo: "¡De estar yo allí, no lo hubieran matado!"
¿Lo creemos así, como ese rey godo? Dormimos.
¡Oh amigos de mi juventud, que estáis dispersos en la ciudad de Beirut!: cuando paséis por ese cementerio, junto al bosque de pinos, entrad en él silenciosamente, y caminad despacio, para que el ruido de vuestros pasos no, turbe el tranquilo sueño de los muertos, y deteneos humildemente ante la tumba de Selma; reverenciad la tierra que cubre su cuerpo y decid mi nombre en un hondo suspiro, al tiempo que decís internamente estas palabras:
"Aquí, todas las esperanzas de Gibrán, que vive como prisionero del amor más allá de los mares; todas sus esperanzas, fueron enterradas. En este sitio perdió Gibrán su felicidad, vertió todas sus lágrimas, y olvidó su sonrisa.
¿Qué hace falta para despertarse? No hace falta esfuerzo ni juventud ni discurrir mucho. Sólo hace falta una cosa, la capacidad de pensar algo nuevo, de ver algo nuevo, de ver algo nuevo y de descubrir lo desconocido. Es la capacidad de movernos fuera de los esquemas que tenemos. Ser capaz de saltar sobre los esquemas y mirar con ojos nuevos la realidad que no cambia.
El que piensa como marxista, no piensa; el que piensa como budista, no piensa; el que piensa como musulmán, no piensa... y el que piensa como católico, tampoco piensa. Ellos son pensados por su ideología. Tú eres un esclavo en tanto y en cuanto no puedes pensar por encima de tu ideología. Vives dormido y pensado por una idea. El profeta no se deja llevar por ninguna ideología, y por ello es tan mal recibido. El profeta es el pionero, que se atreve a elevarse por encima de los esquemas, abriendo camino.
La Buena Nueva fue rechazada porque no querían la liberación personal, sino un caudillo que los guiase. Tememos el riesgo de volar por nosotros mismos. Tenemos miedo a la libertad, a la soledad, y preferimos ser esclavos de unos esquemas. Nos atamos voluntariamente, llenándonos de pesadas cadenas, y luego nos quejamos de no ser libres. ¿Quién te tiene que liberar si ni tú mismo eres consciente de tus cadenas?
Las mujeres se atan a sus maridos, a sus hijos. Los maridos a sus mujeres, a sus negocios. Todos nos atamos a los deseos y nuestro argumento y justificación es el amor. ¿Qué amor? La realidad es que nos amamos a nosotros mismos, pero con un amor adulterado y raquítico que sólo abarca el yo, el ego. Ni siquiera somos capaces de amarnos a nosotros mismos en libertad. Entonces, ¿cómo vamos a saber amar a los demás, aunque sean nuestros esposos o nuestros hijos? Nos hemos acostumbrado a la cárcel de lo viejo y preferimos dormir para no descubrir la libertad que supone lo nuevo.
Lo que importa del ejercicio de la libertad tiene que ver con la acción, con la libertad de hacer.
Al respecto, si confirmamos que Nadie puede hacer Todo lo que Quiere, debemos aceptar con resig-nación que la libertad absoluta no existe.
A partir de aquí, nos encontramos con tres alternativas:
Sostener que una libertad con limitaciones no es tal y que, por lo tanto, el concepto de libertad es una ficción inexistente. Admitir que la libertad absoluta no existe, pero que una libertad relativa, limitada, condicionada, no deja de ser libertad. O salir al encuentro de una nueva posibilidad.
Constitución de la Provincia de Formosa, año 2003
Art. 65.- El Estado Provincial, a través del Poder Ejecutivo, deberá realizar las operaciones financieras, crediticias, de préstamos y bursátiles necesarias para asegurar el funcionamiento del Estado, las inversiones indispensables, la realización de obras públicas, atender las necesidades sociales, evitar los efectos que provocan las variaciones económicas y financieras, cubrir las necesidades del Tesoro Provincial, asegurar el crecimiento económico y social provincial, afectando para ello los recursos correspondientes.
N de la R> El artículo que según el constitucionalista Daniel Sabsay debe ser modificado con una Intervención Federal a la provincia por parte de cualquiera de las dos Cámaras que conforman el Congreso de la Nación por poner en riesgo gravísimo la institucionalidad del país.